martes, 4 de septiembre de 2012

Una investigación "definitiva" sobre la Semana Trágica

(Por Daniel Casas, Agencia Télam - 4/9/2012)




La permeabilidad del gaucho argentino y del trabajador fabril a las ideas anarquistas y socialistas traídas por los inmigrantes, y que fueron ingredientes ideológicos de la Semana Trágica de enero de 1919, son el dato destacado del libro "Días rojos, verano negro", del historiador Horacio Ricardo Silva.
El libro redondea una meticulosa investigación historiográfica y sobre todo hemerográfica de los antecedentes y los acontecimientos de la huelga general que comenzó a fines de 1918 en los talleres metalúrgicos Vasena, en el barrio porteño de Barracas, y que hizo eclosión con toda su furia en los primeros días de 1919.

Esta nueva investigación sobre un tema ya abordado por otros autores fue calificada de "definitiva", por el periodista e historiador Osvaldo Bayer, sin dudas la máxima autoridad en la materia, quien prologa el libro de Silva.

"Definitiva porque recurre a todas las fuentes posibles, trae las versiones de todos los sectores, describe profundamente la época y sus costumbres, la vida política y los intereses reinantes. Describe las diferentes reacciones de los distintos sectores sociales. Los problemas internos de las organizaciones obreras. Además analiza las investigaciones ya existentes sobre este hecho histórico", dice Bayer.

Como antecedentes de la violenta conmoción obrera de enero de 1919, el autor destaca que las ideas socialistas y anarquistas que trajeron "los gringos" germinaron con facilidad en los gauchos locales "dando continuidad al carácter individualista anárquico que, intuitivamente, ostentaba el paisano de la llanura en tiempos tan remotos como el siglo XVII".

Silva cita -en este punto- cartas de mayo de 1721 en las que el comisionado del Cabildo se quejaba de que "se acogen a los indios muchas personas cristianas de todas estas provincias que quieren vivir sin Dios, sin Rey y sin ley, considerándolo por esta razón cueba (sic) del maldades".

Documenta luego el proceso de urbanización del gaucho, como consecuencia de la apropiación por parte de las clases acomodadas de las tierras que se iban ganando a los indios, avaladas por la Ley de Enfiteusis, de 1826, y consolidadas por el uso de los alambrados, a mediados de esa centuria, para delimitar lo propio de lo ajeno.

El autor dedica casi 100 de las 260 páginas del libro a reconstruir e interpretar los elementos que confluyeron en los acontecimientos que justifican el título "Días rojos, verano negro", que se comenzaron a gestar el 2 de diciembre de 1918, cuando estalló la huelga en la casa Vasena, patrocinada por la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos.

Detalla pormenorizadamente esos días signados por masacres como la de Nueva Pompeya, del 7 de enero, que derivó en la generalización del conflicto ante la pasividad del gobierno nacional, ejercido por Hipólito Yrigoyen, y del Congreso, que no conseguía reunir quórum para analizar el tema.

Aporta datos documentales y los combina con testimonios de la época rescatados tanto de los medios periodísticos que reflejaban las voces obreras como de los que cuidaban los intereses de los patrones.

Incluso Silva expone las distintas especulaciones sobre la participación en los acontecimientos del teniente Juan Domingo Perón, que por entonces tenía 23 años y revistaba en el Arsenal Esteban de Luca, dato que fue usado por la Unión Democrática en la campaña electoral de 1946 y al que aludió Perón, ya Presidente, en un acto de 1948, según cita el libro.

Horacio Silva nació en Buenos Aires, en 1959. Es escritor, historiador y periodista. Ha publicado artículos en Todo es Historia, Caras y Caretas y en el periódico de las Madres de Plaza de Mayo.

En 2008 el autor ganó la beca Ezequiel Martínez Estrada, otorgada por la Biblioteca Nacional, que destinó a la investigación que dio lugar a "Días rojos, verano negro".

Fuente: Télam

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