lunes, 24 de marzo de 2014

Postales del 24 de marzo de 2004 en la ESMA II:

2. El hombre que no se atrevió a romper el candado



Los visitantes pudieron ingresar libremente a todo el predio de la ESMA, que mantenía cerradas con llaves las puertas de todos sus edificios, excepto quizá el del casino de oficiales, donde funcionó el campo de concentración más importante del Proceso militar.
Tímidamente primero, más desenvueltas después, miles de personas recorrieron las instalaciones, ante la total ausencia de cualquier autoridad militar o policial, de uniforme o civil.
En el casino, la puerta de acceso a “Capucha” y “Capuchita” fue derribada a empujones por un joven fornido, quien consideró que de ninguna manera podía vedarse el acceso a aquel lugar.
Quienes buscaban ingresar al sótano del edificio, donde también fueron alojados algunos desaparecidos, tenían dificultades para hallarlo; hasta que alguien señaló una puerta de hierro en el exterior del mismo, cerrada con un grueso candado de la Armada, con un cartel que rezaba: “LLAVE EN PODER DEL FOURRIEL DE GUARDIA”.
A las cuatro de la tarde, el lugar estaba siendo recorrido por infinidad de personas. Entre ellas un hombre que, tomando un fierro, señaló a los presentes el candado, como pidiendo aprobación para abrirlo.
En los rostros de los demás se notaba deseo de que así ocurriera, pero nadie se atrevía a decir palabra.
Hasta que una señora joven, muy bien vestida, con aire de funcionaria y celular en la mano, intervino para decir “¿Qué esperan, encontrar algo ahí? Dejemos que se haga cargo el Estado, hagamos las cosas bien…”

El hombre  murmuró despectivamente: “El Estado…” Pero no se atrevió a romper el candado. La recóndita sensación de estar profanando una tumba, o un cementerio, fue más poderosa que su indignación.

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