martes, 25 de enero de 2011

Damiana


Poema de Nora Bruccoleri, perteneciente a su nuevo libro (en edición):
 "Manuscrito de Los desterrados" 

El 25 de septiembre de 1896, unos colonos blancos dispararon sus armas de fuego sobre un grupo de indios aché (Paraguay oriental) que se hallaban almorzando. Como resultado de la descarga, murieron todos los miembros de una familia, excepto una bebita de no más de un año de edad, la cual fue secuestrada y remitida a Buenos Aires. La niña, bautizada Damiana, fue utilizada en vida como sirvienta y objeto de estudios antropológicos. Al  fallecer a los 14 años, víctima de la tuberculosis, se decapitó al cadáver para enviar la cabeza a Alemania, donde fue exhibida en la Sociedad Antropológica de Berlín. 
(Información extraída de: contratapa de Página/12, 19 de junio de 2010, por Osvaldo Bayer)
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index-2010-06-19.html



Desde el desconsuelo de un retrato
la armadura de la memoria
hurga voraz
entre  rotundas huellas,
que concluyen con ostracismos
degolladores de la verdad.
Esclarece penetrar
a más de un siglo
en lo acaecido
a hombres y mujeres guayaquíes.
Habitaban la intemperie
de la invasión
que refrendó vasallajes
en páramos de matanza,
los que estremecen
en la evocación.
Y aunque la tardanza
en resarcir la humillación
aún adormece a la historia,
con enhiesta disposición
confirmamos refugios
de lo honroso.
El pueblo Aché,
germinadores del Paraguay
pujan otro hálito
desde que su tierra guarece
a quien fuera una niña
que fotografió
el dolor
a fin de mil ochocientos.
Damiana tuvo las esmeraldas
de otro nombre.
Su rapto lo segó,
como al fulgor de su año
y al definitivo idioma
que cabía en la palabra mamá,
su Caibú.
Desde el rapto
el ultraje
a los pámpanos de su decencia,
a la espesura de su paisaje.
El desgarro
a la vecindad con el agua
de su gente.
La abatió ese bautismo
que revelaba el crimen
de sus mayores.
La volvieron fregona
de quienes mancillaron
su lozanía.
En Damiana eternizó
la orfandad de las aves,
por lo aterido
ante la vergonzante desnudez.
La infamia insaciable
concertada en pos de la ciencia
la exploraba
mutando saber por crueldad.
Lo despiadado la profanó
y la solidez de una tisis
mató a sus catorce años.
La travesía de lo sangriento
la acompañó en la muerte.
Ensombrece a lo humano
el menoscabo que decapita
los índices del sentido.
Damiana pasó por la guillotina
de la desgracia.
Sin remordimiento
de Buenos Aires a Berlín
su cabeza mutilada
por afanosas observaciones,
esto delata visajes
de arrogante inmoralidad,
así como el resto de su osamenta
en la impavidez del museo
que aún debe dar retorno
a tanta Raigambre
del país guaraní.

Nora Bruccoleri
Mendoza, junio de 2010.

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